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CENTRO DE “ LAS
VILLETAS”
Las generaciones precedentes alternaban
la agricultura de secano con la ganadería, dedicando especial esmero a
la cría de mulas, valoradas altamente
en las tierras salmantinas para el cultivo de los campos.
Entre las gentes de la zona existían, y aún persisten hoy, unos lazos estrechos de amistad, de familia, que constituyen su
mayor riqueza.
Las eras se han transformado en modestos parques donde se intenta paliar la falta de arbolado con pequeñas plantaciones. Pensando en los más pequeños, y con una finalidad educativa, cada árbol lleva su nombre.

A modo de reivindicación aparecen sus calles mostrando el barro durante el invierno y la nube de polvo en los días secos. El camino de la fuente es el primer exponente, que pone de manifiesto el abandono de instituciones de ámbito provincial. ¿ Cuándo llegará la ayuda necesaria?.

En el antiguo potro, donde herraban a los animales, celebramos las reuniones, y sirve a la vez de referencia para encuentros de los más jóvenes. El espíritu austero y sacrificado de sus gentes lucha por conservar con dignidad lo que es patrimonio común.

¡Buen lugar para refrescar en los días calurosos de primavera y para recoger berros en el invierno!. La sequía ha hecho acto de presencia y a mediados de verano los caños dejan de fluir. Solamente queda entonces un manantial, en el cauce del arroyo, capaz de mantener la esperanza, hasta las lluvias del otoño.

El ejercicio físico, es sano y gratificante cuando se trata de plasmar la propia iniciativa. Que se lo pregunten a Javi...
¡Un trabajo bien hecho siempre llena el espíritu de sano orgullo!
“Yo por Mata, lo que haga falta “. Así se expresaba Roberto llevando una carretilla con piedras para arreglar el camino de la iglesia. Con jóvenes así los pueblos no morirán.
Las casas, construidas en piedra, constan de dos plantas y un desván donde guardaban el grano. Las cosechas de cada familia, aún siendo reducidas, arqueaban las vigas con el paso de los años.
Los techos son bajos, al reformar parcialmente las viviendas, para ocultar los hundimientos provocados por los cereales.
En la planta baja coexistían personas y animales para defenderse del crudo invierno. Las habitaciones eran exclusivamente la cocina y la gloria, que se calentaba con paja. Se conservan algunas cuadras con las pesebreras. De unas argollas colgaban las cadenas para atar a las yeguas o a los bueyes.
Es interesante evocar cómo algunas viviendas, que no tenían gloria, compartían la cuadra de los bueyes, separados únicamente, por cuatro tablas y una tarima. ¡Quizá al ver nuestros orígenes nos sintamos más cerca de tanto inmigrante que busca un medio más digno de vida!.
QUEREMOS VENDER
LA ESCUELA...

Una llamada a las Autoridades para agilizar la venta antes de que sea demasiado tarde, por el lamentable estado de la techumbre. ( Es un clamor unánime de los que nos sentimos “atrapados” por este rincón de la Merindad.)

Tina, ha cuidado, con exquisito esmero, esta era del pueblo. Aún hoy, limitada por su enfermedad, disfruta regando y quitando malas hierbas. ¿ Hay quien ponga alguna pega a semejante Jardinera?





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Es la fe, que nos transmitieron nuestros mayores, la que subyace en el fondo de nuestros corazones y nos impulsa a cuidar la iglesia como el mejor legado.
Cada uno, a su forma y manera, contribuye al bien común.
¡ Gracias a todos!